Monday, March 06, 2006

-Los discípulos de Platón-



Platón (427-347-8 ane)

Tuvo por discípulos: Spensipe, de Atenas; Xenocrates, de Calcedonia; Aristóteles, de Estagira; Filipo, de Oponte; Hestireo, de Perinto; Dion, de Siracusa; Amielo, de Heraclea; Erasto y Coriseo, ambos de Excepsis; Timolao, de Cizica; Evemon, de Lampsaco; Piton y Heráclides, uno y otro de Enia; Hippotales y Cálipo, de Atenas; Demetrio, de Anfipolis; Heráclides, de Ponto, y muchos otros, entre quienes se cuentan dos mujeres: Lastenia, de Mantinea, y Axiotea, de Plionte. Dicearco dice que esta última vestía traje de hombre. Algunos ponen a Teofastro en el número de sus discípulos; Chamaleon añade aún al orador Hiperide y a Licurgo; también Polemon cita a Demóstenes; en fin, Sabino pretende, en el libro cuarto de las Meditaciones, que Muesistrato de Tasos recibió lecciones de Platón, y apoya su opinión en pruebas bastante probables


Su testamento estaba concebido en estos términos:
«Platón dispone de sus bienes de la manera siguiente: La tierra de Efestia que linda al Norte con el camino que viene del templo de Cefisias, al Mediodía con el templo de Hércules situado en el territorio de Hefestia, al Oriente con la propiedad de Arquestrato de Prearros, [XXX] y al Poniente con la de Filipo de Collis,
no podrá ser ni vendida ni enajenada; pertenecerá, si puede ser, a mi hijo Adimanto. Le doy igualmente la tierra de los Eresides, que compré a Calímaco, y que linda al Norte con otra de Eurimedon de Mirrina, y al Poniente con el Cefiso. Además le doy tres minas de plata, un vaso de plata de peso de ciento sesenta y cinco dracmas, un anillo y un pendiente de oro, que juntos pesan cuatro dracmas y ocho óbolos. Euclides, el escultor, me debe tres minas. Declaro libre al esclavo Artemis; en cuanto a Ticon, Bicta, Apoloneades y Dionisio los dejo a mi hijo, al que lego igualmente todos los muebles y efectos especificados en el inventario que está en poder de Demetrio. No debo nada a nadie. Los ejecutores testamentarios serán Sóstenes, Spensipe, Demetrio, Hegias, Eurimedon, Calímaco, Trasipo.»


Tal es su testamento. Sobre su tumba se han grabado muchos epitafios; el primero está concebido así:
«Aquí descansa el divino Aristocles, el primero de los hombres por la justicia y la virtud. Si algún hombre ha podido hacerse ilustre por su sabiduría, es él; ni la envidia misma ha manchado su gloria.»


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